Consejos para el cuidado de tu retina en invierno

Pasado el verano, muchos piensan que los riesgos para la retina acaban con la reducción en horas de sol y la menor exposición a los rayos ultravioleta. Sin embargo, el invierno es una época en la que también debemos mantener un especial cuidado de nuestros ojos: en ninguna época del año debemos descuidar nuestra salud visual, ya que podemos exponernos a graves daños en caso de hacerlo.

El sol es la principal fuente de radiación UV y afecta especialmente a la vista de los niños y ancianos.

El equipo médico de Vissum recalca la importancia de cuidar nuestra salud ocular durante la estación fría del año. Para ello nos brindan una serie de consideraciones a tener en cuenta:

Protección de la retina ante la radiación solar

La exposición lumínica a que sometemos nuestra retina cuando hacemos deportes de invierno es muy grande.Para evitar que la radiación ultravioleta alcance nuestros ojos debemos cubrirlos con unas gafas de sol con filtro UV homologado. Podemos hacer uso de las mismas que nos ponemos para ir a la playa en verano. Sin embargo, si vamos a hacer deportes de invierno, como ski o alpinismo, tenemos que llevar protección adecuada al tipo de actividad que realicemos y con un factor de protección mayor. Este extra en el cuidado se debe a que el blanco de la nieve refleja, casi en su totalidad, los rayos del  sol; provocando que estemos expuestos a una mucha mayor cantidad de rayos ultravioleta.

Incluso en días nublados debemos considerar el uso de gafas. Largas exposiciones al sol de invierno, sobre todo en deportes de invierno, pueden irritarnos los ojos o incluso producir quemaduras en la córnea.

Menos horas de luz

Al haber menos horas de luz, el tiempo que pasamos delante de pantallas o dispositivos como teléfonos, tablets o televisores, aumenta considerablemente. Esta mayor exposición a los dispositivos digitales no causan efectos en nuestra vista de forma inmediata, lo que los hace peligrosos. La irritación o pérdida en nuestra capacidad de enfoque no aparecen hasta pasadas unas horas, síntomas que podemos evitar con un gesto de lo más sencillo, el de regular adecuadamente la luminosidad de las pantallas para que su luz y la del entorno sean acordes.

Imágenes comunes como la de una pantalla deslumbrando un rostro en la completa oscuridad de una habitación son responsables de esa sensación de quemadura que frecuentemente tenemos cuando la luz es demasiado brillante.

Sequedad ocular producto del frío

El frío afecta a nuestros ojos de forma considerable, la bajada de las temperaturas reduce la producción de lágrimas, disminuyendo a su vez la natural lubricación del ojo. Esto nos lleva a una sequedad que puede producir picazón, visión borrosa, ardor o la sensación de tener un cuerpo extraño dentro de los ojos. La mayoría de estas sensaciones solemos combatirlas con el frotado o rascado de los ojos, el cual puede causar talladuras o roces en nuestra córnea, por eso es imperativo el evitarlos sustituyéndolos por un aumento de los parpadeos.

Sequedad de los ambientes acondicionados

La calefacción elimina la humedad del aire, con lo que produce sequedad ocular.De la misma forma que el frío seca nuestros ojos, nuestra principal forma de combatir las bajas temperaturas es mediante el uso de aparatos calefactores, aires acondicionados y radiadores. Todos ellos aumentan la temperatura ambiente y secan el entorno eliminando parte de la humedad del aire. Esta sequedad afecta a nuestros ojos secando las vías lagrimales y evitando que hidratemos los ojos de forma adecuada, lo cual afecta a la sequedad ocular.

Por último, pero no por ello menos importante, es importante que llevemos una dieta equilibrada, con alto aporte vitamínico y descansemos lo suficiente. Del mismo modo que durante las horas de sueño nuestros músculos reponen fuerzas y descansan, nuestros ojos hacen lo mismo, por lo que respetar las horas de sueño es de vital importancia para que nuestros ojos puedan soportar la exposición constante a la que los sometemos durante el día.

Con estas consideraciones podréis mantener a raya los principales efectos que conlleva el descenso de temperaturas y mayor sequedad ocular del invierno. Sin embargo, ante cualquier duda o signo de alerta, lo más adecuado es acudir a la mayor brevedad posible a vuestro oftalmólogo, para ser tratados por un especialista.

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