El cristalino: la lente del ojo

Cuando hablamos sobre las partes que componen nuestro ojo y que nos permiten ver, solemos hablar del cristalino como un elemento de la antomía del ojo. Sin embargo, el mejor paralelismo para describir esta lente es el que compara nuestro cristalino con el objetivo de una cámara.

Representación de la refracción de los rayos de luz a través del cristalino.

El cristalino es una lente biconvexa cuya función es la de enfocar los rayos de luz procedentes de los objetos en un punto. Dicho punto sería la retina, la pantalla en la que se proyectan estos haces de luz y que nos permite construir la imagen de cuanto vemos. La luz que llega al cristalino es desviada y concentrada en un punto, de la misma manera que lo hacen las cámaras de fotos.

Las primeras cámaras fotográficas que se construyeron son las llamadas estenopeicas o ‘pin hole’, que consisten en un pequeño orificio que permite la entrada de luz a una cavidad oscura, donde, con el uso de papel fotográfico, se creaba una representación plana de la realidad. En este aspecto, nuestro ojo funciona de forma muy similar, un pequeño orificio de entrada que sería nuestra pupila, una cavidad oscura que sería la cavidad posterior del ojo, el sistema de acomodación como el enfoque y la retina como sensor en el que inciden los rayos para su representación.

La primera referencia a la cámara estenopeica, también llamada cámara oscura, está datada del 500 a. C., cuando aún se pensaba que nuestros ojos eran emisores de luz para procurar la visión, en lugar de receptores de la misma.

Una lente biconvexa, utilizada para demostrar el funcionamiento del cristalino a escala mayor.

Sin embargo, a pesar de todas estas similitudes, nuestra lente tiene ciertas particularidades a tener en cuenta. El cristalino es un componente orgánico del ojo, una parte que durante toda nuestra vida se va desarrollando y envejece al mismo ritmo que lo hacemos nosotros. Por eso, llegados los 40 y aún teniendo una visión  perfecta, nuestra visión se va deteriorando y empezamos a necesitar usar gafas para leer. Lo que llamamos presbicia o vista cansada no es más que nuestro cristalino envejeciendo, la lente de nuestro ojo sufriendo el paso del tiempo y perdiendo la capacidad de acomodación, por lo que dejamos de poder enfocar a ciertas distancias.

Este envejecimiento también puede acarrear la pérdida de transparencia de nuestra lente natural, lo cual desemboca en una progresiva pérdida de visión llamada cataratas. Cuando esto ocurre la solución es hacer un cambio de objetivo, sustituir nuestra lente natural por una artificial que nos brinde la nitidez y claridad de visión que con el paso de los años perdemos.

Para cuidar de nuestro cristalino tendremos que acudir con frecuencia al oftalmólogo, para que, llevando un control sobre su envejecimiento, podamos tomar las medidas adecuadas cuando a la lente de nuestro ojo le empiecen a afectar las inclemencias del tiempo.

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