En España, aproximadamente el 30% de la población adulta presenta ojo seco en grado leve. El ojo seco produce sensación de ardor, escozor, visión borrosa, ojos enrojecidos, fotofobia (molestia a la luz), conjuntivitis, dolor.
La lágrima se forma fundamentalmente en la glándula lagrimal, ubicada en el canto externo de la órbita. Normalmente, en cada parpadeo la lágrima es distribuida por todo el ojo.
La superficie del ojo está lubricada y humedecida por el film lagrimal. Esta película está formada por tres capas: una interna, mucosa, en contacto con la córnea; una media, acuosa, formada por agua, sales y proteínas, siendo su volumen del 98 % y otra externa, oleosa, formada por la secreción de las glándulas que se encuentran en el borde del párpado que evitan la evaporación de las lágrimas.
Diariamente se producen 400 gotas de lágrima, alrededor de 9.5 ml. Estas fluyen constantemente durante el día, están en continua secreción. Las lágrimas protegen al ojo de las infecciones. Al ir envejeciendo, la producción de secreción lagrimal disminuye casi en un 60 %, siendo mayor en las mujeres que en los hombres.
La ausencia de la capa oleosa hace que la lágrima se evapore rápidamente y se presente el síndrome de ojo seco. Su tratamiento pasa por el uso de colirios humectantes o lágrimas artificiales. El oftalmólogo debe ser el especialista que indique al paciente el tipo de humectante ideal, de acuerdo con el origen del ojo seco.
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