Ayudas a la baja visión, enseñar a usarlas es clave para que sean útiles

Ayudas a la baja visiónLas personas que tienen baja visión, se encuentran en una especie de tierra de nadie. Es decir, no ven bien pero tampoco están considerados discapacitados visuales. Degeneración macular, glaucoma, retinosis pigmentaria, retinopatía diabética… hay montones de factores que pueden causar baja visión. De hecho, se calcula que en nuestro país hay más de dos millones de personas afectadas por este problema cuya solución no es únicamente cuestión de dioptrías, como ocurre en el caso de las patologías causadas por errores de refracción, o de pasar por quirófano, como sucede con las cataratas. Para todos estos pacientes trabajamos en la Unidad de Baja Visión y Rehabilitación Visual de Vissum.

En esta unidad buscamos soluciones para cada caso, de manera que el hecho de perder visión no signifique renunciar a actividades cotidianas como leer, trabajar, hacer deporte, jugar a las cartas, coser o, simplemente, bajar escaleras o caminar a buen ritmo con seguridad y sin la sensación de que vamos a tropezar.

 

Qué es la baja visión

Agudeza visual

Los especialistas hablamos de baja visión cuando a pesar de usar gafas o lentillas el mejor de los dos ojos del paciente tiene una agudeza visual inferior a 0,3. La agudeza visual es la que nos permite identificar e interpretar las imágenes que llegan a nuestro cerebro a través del nervio óptico y es lo que nos hace capaces de distinguir un objeto pequeño colocado sobre un fondo determinado, distinguir como separados dos objetos que tienen muy poca separación o reconocer correctamente no solo las formas u objetos, sino la orientación de los mismos. En resumen, nos permite identificar detalles y bordes de los objetos en condiciones determinadas de luz, distancia, etcétera.

Para medir la agudeza visual, empleamos letras, números y figuras de diversos tamaños que vamos colocando sobre diferentes fondos y a diferentes distancias. También usamos test de contraste con recursos similares. Todas las pruebas se hacen tapando alternativamente un ojo y otro y con ambos ojos abiertos.

Campo visual

Asimismo, nos encontramos con un problema de baja visión cuando el campo visual es inferior o igual a 20 grados. Para evaluar este parámetro empleamos la llamada campimetría. Gracias a esta prueba sabemos cuál es el área total que percibimos nítidamente con visión periférica mientras enfocamos los ojos en un punto central. La amplitud del campo visual normal abarca aproximadamente 180 grados.

Deslumbramientos y fotofobia

Estos fenómenos de la visión producen molestias y dolor ocular ante impactos lumínicos repentinos a los que el ojo no puede adaptarse tan deprisa. Sucede cuando pasamos de un entorno oscuro a uno demasiado claro o cuando recibimos un fogonazo desde un flash, los faros de un coche… los pacientes visualmente sanos se recuperan rápidamente de estos estímulos. Sin embargo, las personas con baja visión tienen más dificultades y, además, sufren deslumbramiento y fotofobia incluso con estímulos lumínicos leves o moderados. El especialista en baja visión comprueba qué tipo de luz molesta más a los pacientes cuando camina por la calle, cuando lee en su casa, cuando lo hace en el ordenador o en un libro, cuando tiene que leer letreros… “La luz solar es muy perjudicial para los ojos, y para los pacientes con baja visión mucho más, pero pocos saben que deben incorporar filtros especiales para no agravar su patología”, destaca María Jesús Dargel Morales, responsable de la Unidad de Baja Visión y Rehabilitación Visual de Vissum.

Limitación visual

También hablamos de baja visión cuando, a pesar de tener una agudeza visual mayor de 0.3, el paciente tiene una limitación visual severa para hacer actividades concretas, como leer o manejar objetos pequeños.

Qué debo hacer si tengo problemas de baja visión

En primer lugar, hay que acudir a una Unidad de Baja Visión y Rehabilitación Visual. Muchas personas se limitan a comprarse unas gafas de aumento o una lupa en una óptica y al poco tiempo se dan cuenta de que eso no es suficiente o no es exactamente lo que necesitan. Y es que el entrenamiento y las ayudas que enseñamos a usar en estas áreas especializadas van mucho más allá que a aumentar el tamaño de las cosas para verlas mejor.

El especialista en baja visión lleva a cabo un examen exhaustivo de todos los parámetros que hemos mencionado antes, además de comprobar la refracción o la presencia de otras patologías que incidan en la salud visual. En función de los resultados se prescriben ayudas concretas para necesidades y limitaciones concretas Prescribir este tipo de dispositivos debe incluir, además, un entrenamiento específico para que el usuario pueda sacarle el máximo rendimiento posible y que no acaben en el cajón con la lupa o las gafas de aumento que mencionábamos antes. “Recomendar un soporte visual sin enseñar a usarlo para que el paciente mejore su calidad de vida no tiene ningún sentido. Eso no solo no soluciona el problema, sino que agrava el estado de ánimo del paciente e incrementa su frustración”, afirma nuestra especialista.

Asimismo, se pauta un protocolo de rehabilitación para que el paciente entrene el resto visual que aún tiene y se ofrecen consejos y pautas para mejorar las habilidades del paciente en la vida cotidiana. “También nos encontramos con pacientes afectados de baja visión que dejan de ver la televisión o de leer ‘para no forzar la vista’ y porque piensan que eso agravará su problema. Sin embargo, en la Unidad de Baja Visión y Rehabilitación Visual les enseñamos que eso no es así; al contrario, deben seguir con estos hábitos porque les ayudan a mantener la funcionalidad visual. Eso sí, hay que hacerlo correctamente en cuanto a iluminación, distancia, tipos y tamaños de letra… pero en principio no se trata de algo que esté contraindicado, ni mucho menos”, aclara Dargel.

Tipos de ayudas para baja visión

Ayudas ópticas para baja visión

Se trata de lentes de aumento o lupas que pueden ir montadas sobre las gafas de uso normales o usarse por separado. Están indicadas para que el paciente pueda leer, coser, hacer trabajos manuales, ver la letra pequeña en las facturas y recibos…

Ayudas no ópticas

Este grupo de ayudas para baja visión incluyen desde filtros de colores para evitar los deslumbramientos asociados a unas condiciones de iluminación concretas, a filtros fotoprotectores para evitar que la degeneración macular progrese más deprisa, pasando por objetos especiales del día a día: teléfonos con teclas grandes, relojes que cantan la hora, atriles de lectura…

Ayudas electrónicas para baja visión

En este grupo nos encontramos con lupas electrónicas capaces de aumentar increíblemente la imagen sin sacrificar la nitidez o la calidad. Estas lupas son mucho más sofisticadas y útiles que las lupas convencionales, ya que además dan opción de congelar la imagen para que no tiemble o cambiar el contraste para apreciar mejor los objetos o las letras. También merece una mención especial el sistema Orcam MyEye. Se trata de un pequeño dispositivo dotado de una cámara frontal que es capaz de leer todo lo que el paciente ya no alcanza a apreciar (etiquetas, recibos, un libro, el periódico, la carta de un restaurante…). El paciente únicamente tiene que indicar qué quiere leer y el artilugio lo hace por él.

En este vídeo sabrás más de Orcam MyEye

Finalmente, las gafas de realidad aumentada Retiplus parecen cosa de ciencia ficción, pero ya son una realidad en Vissum. Se trata de una solución tecnológica que permite mejorar considerablemente la calidad de vida en pacientes que hasta ahora tenían muy pocas opciones. Estas gafas electrónicas son calibradas por el especialista para acomodarlas sobre el resto visual del paciente. Están especialmente indicadas en pacientes con glaucoma, retinosis pigmentaria o que ha sufrido ictus que les han afectados a la vista; ya que la pérdida del campo visual de estos pacientes hace que tengan visión tubular o en túnel, de forma que no ven el conjunto de la imagen, un factor que les limita a la hora de caminar, cocinar, poner la mesa o practicar muchas de sus aficiones.

Gracias a las gafas de realidad aumentada, el paciente vuelve a ver a una persona en su totalidad, ver las caras de los actores en una obra de teatro o a los futbolistas en un terreno de juego. Además, aprecia si hay escaleras a un lado del camino o un bordillo… unas circunstancias que también mejoran su equilibrio y seguridad en sí mismo a la hora de moverse. “Estas mejoras a menudo pasan desapercibidas o parecen poco importantes para los que vemos bien; sin embargo para estos pacientes marcan la diferencia entre disfrutar de la vida y seguir trabajando o estar limitado en buena parte de las tareas y funciones cotidianas”, resume María Jesús Dargel.

La doctora Figueroa, retinóloga de Vissum, nos explica su funcionamiento en este vídeo

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