Ciencia. Compromiso. Visión.

Ojo seco, ¿qué tipo de colirios debo usar?

El ojo seco es una enfermedad multifactorial causada porque no se produce la suficiente cantidad de lágrima,  o bien existe una mala calidad de ella, o una deficiente distribución sobre la superficie ocular. Al no encontrarse la superficie del ojo bien lubricada, en poco tiempo pueden aparecen lesiones en la conjuntiva y en la córnea, problemas que van más allá de los síntomas clásicos del ojo seco (sensación de cuerpo extraño, lagrimeo, arenilla, escozor, ardor, sensibilidad a la luz, irritación ocular…).

Tal vez no parezca lógico que el ojo seco pueda causar un lagrimeo excesivo, pero imaginemos esto como la respuesta del ojo a una incomodidad. Si las lágrimas responsables de mantener la lubricación no mantienen el ojo lo suficientemente húmedo, el ojo se irrita. Una irritación de los ojos hace que la glándula que produce lágrimas (glándula lagrimal) libere un gran volumen de lágrimas, saturando el sistema de drenaje de las lágrimas. El exceso de lágrimas se desborda y sale del ojo.

Se estima que entre el 10 y el 20% de la población padece ojo seco, y en especial las mujeres después de los 40 años, debido a las alteraciones hormonales que provoca la menopausia.

Teniendo en cuenta que el 30% de las consultas oftalmológicas están relacionadas con el ojo seco, recomendamos una buena hidratación, ya que la lágrima nutre la córnea y la protege de sustancias bacterianas.

Tratamiento del ojo seco con lágrimas artificiales o colirios

El tratamiento más habitual para el ojo seco es el uso de lágrimas artificiales. En el 90% de los casos, el ojo seco se soluciona con lágrima artificial en gotas sin conservantes. Solo en algunos casos (10%) son necesarios tratamientos farmacológicos (corticoides, ciclosporina, suero autólogo) o técnicas quirúrgicas encaminadas a cerrar los conductos de las vías lagrimales (tapones lagrimales) para evitar que las lágrimas se escapen por la nariz.

Las lágrimas artificiales son preparados farmacológicos que pretenden emular las características físico-químicas de las lágrimas naturales, sin añadir irritación ni disminuir la producción de los componentes naturales de la propia lágrima.

Hay una gran oferta de lágrimas artificiales o colirios en el mercado, pero es importante elegir el componente más adecuado (carmelosa, hipromelosa, ácido hialurónico, compuestos lípídicos) según las características y la intensidad del mismo.

Las diferencias entre los distintos tipos de lágrimas vienen dadas por varios factores como son la composición en electrolitos, osmolaridad, osmolalidad y viscosidad,  que marcarán diferencias en cuanto al tiempo de permanencia, interferencia con la visión, tolerancia y eficacia. Se busca  que el paciente necesite las gotas cada vez menos.

  • Respecto al tiempo de permanencia, las que más tiempo permanecen son las que en su composición llevan hialuronato seguidas de las de celulosa, por último, las compuestas por sintéticos.
  • Lo contrario ocurre con la interferencia con la visión, las que menos interfieren son las compuestas por sintéticos y las que más las de hialuronato.
  • Otro aspecto importante de la composición es que la lágrima lleve o no conservantes, lo cual afecta a su tolerancia. Son recomendables las que no llevan conservantes, ya que alteran mucho menos la superficie ocular, ya de por sí dañada en los ojos secos.

La limpieza del borde palpebral es necesaria frecuentemente. En esta zona están las glándulas que aportan la grasa imprescindible para que la lágrima lubrifique adecuadamente al ojo. Estas glándulas en muchas ocasiones se obturan y el calor y la limpieza logran en ocasiones que se restablezca la secreción.