Consejos para cuidar tu vista en invierno

cuidar tu vista en inviernoA tenor de los datos que manejan nuestros especialistas, cuidar tu vista en invierno no es una prioridad. La caída de las temperaturas en invierno, independientemente de que tengamos o no ola de frío, suele traducirse en un mayor descuido a la hora de proteger nuestros ojos de las inclemencias del tiempo.

Parece que el hecho de que el sol brille con menos intensidad, que salgamos menos a la calle o que haya muchos días nublados o lluviosos repercute en una mayor relajación a la hora cuidar nuestra vista. No obstante, en invierno hay dos factores fundamentales que debemos tener en cuenta a la hora de cuidar nuestra salud visual: la sequedad ambiental y la radiación solar.

En invierno, las bajas temperaturas, los sistemas de calefacción, el viento… todo repercute en un descenso de la humedad del ambiente y en una mayor deshidratación ocular. La sequedad de los ojos no es un problema grave, aunque sí ocasiona muchas molestias como picor, irritación, sensación de cuerpo extraño, visión borrosa, rozaduras y abrasiones al frotarnos los ojos… no obstante, los problemas derivados del impacto de los rayos ultravioleta en los ojos son más serios, ya que van desde conjuntivitis y queratitis hasta cataratas prematuras y degeneración macular, pasando por quemaduras y abrasiones corneales.

Gafas de sol, también en invierno

Durante los meses de invierno, hay menos horas de luz y el sol brilla con menos intensidad. Estas circunstancias nos hacen creer, de manera errónea, que los rayos solares son menos dañinos para nuestra piel y nuestros ojos… y no es así. La radiación ultravioleta es tremendamente nociva para nuestros ojos y por eso hay que protegerse de ella independientemente de la estación del año.

El hecho de que en verano el sol nos haga pasar más calor y nos caliente más no quiere decir que la radiación ultravioleta solo esté presente de junio a septiembre; también lo está en invierno, en días nublados e incluso en jornadas lluviosas. Por este motivo, es fundamental no olvidarse de las gafas de sol en los meses fríos y que estas gafas cumplan con todos los requisitos que se espera de unas lentes que deben cuidar de algo tan preciado como son los ojos.

Según las cifras, en torno al 30% de las gafas de sol se adquieren en establecimientos no autorizados, en bazares y mercadillos. Más allá de la calidad de la montura, lo verdaderamente preocupante desde un punto de vista sanitario es que estas gafas están montadas sobre lentes que no llevan filtros protectores frente a los rayos ultravioleta.

Se trata simplemente de lentes oscuras que no bloquean el paso de esta radiación nociva y que, además, pueden tener un efecto incluso más negativo que no llevar nada, según los especialistas. El motivo es que cuando nos ponemos gafas oscuras la pupila se dilata para acomodar nuestra visión a un ambiente poco iluminado. De esta forma, si la lente no lleva los filtros adecuados, permite que la radiación negativa entre en el ojo sin ningún impedimento.

Por otro lado, cabe recordar que las gafas de sol también nos protegen del aire y del viento, algo que tampoco favorece el bienestar de nuestros ojos. En primer lugar, porque el aire y el viento favorecen la deshidratación de la superficie ocular, ya que la lágrima se evapora rápidamente, lo que causa picor, enrojecimiento y sequedad excesiva. Por otro, porque el viento incrementa el riesgo de que nos entren cuerpos extraños en los ojos (arena, partículas, polvo, hojas secas…).

Protege tus ojos en la nieve y en la alta montaña

gafas de nieveLos aficionados a los deportes de invierno cada vez están más concienciados de lo necesario que es proteger sus ojos cuando practican esquí, snowboard, escalada o montañismo. No obstante, en las consultas siguen apareciendo pacientes que han descuidado estas medidas protectoras en días nublados o en jornadas en las que únicamente han subido a la sierra o a la montaña por ocio en lugar de por hacer deporte.

Por este motivo, los especialistas insisten en recordar que la nieve refleja la radiación solar prácticamente en su totalidad (entre el 80% y el 90%, mucho más que el agua de la piscina o del mar y que la arena de la playa) y que a mayor altitud, más radiación UV llega a nosotros. De esta forma, la exposición excesiva a la radiación solar en una jornada en la nieve o en la montaña sin la protección adecuada puede pagarse en forma de úlceras corneales, cataratas precoces, problemas de retina y degeneración macular.

Por lo tanto, si vas a pasar un día en estos entornos no olvides llevar tus gafas de sol contigo. Pueden ser las que usas el resto del año si simplemente vas a tener una jornada de ocio. Si vas a practicar deporte de invierno (esquí, snowboard, esquí de fondo, escalada…) es necesario practicarlo con gafas específicas montadas preferiblemente sobre lentes polarizadas. Las gafas para deportes de invierno tienen filtros solares más potentes, dado que la radiación ultravioleta es más agresiva en este entorno, capaces además de bloquear la luz azul.

Asimismo, las gafas específicas para deportes de nieve suelen ser de mayor tamaño que las convencionales porque deben proteger toda la superficie ocular, los laterales e incluso las cejas. Además, han de acoplarse perfectamente a la forma de la cara y llevar un buen sistema de sujeción que impida que se caigan o se muevan ante cualquier movimiento brusco, tales como patillas más resistentes y curvadas o bandas elásticas gruesas.

Tus ojos también sufren en interiores

El frío y el hecho de que anochezca pronto hacen que pasemos más tiempo en casa. Actualmente, esto suele traducirse en que pasamos más tiempo delante de la tele, del ordenador, de los videojuegos o del teléfono móvil. En resumen: pantallas, pantallas y más pantallas. La sobreexposición a estos dispositivos reseca nuestros ojos porque al fijar la vista reducimos la frecuencia del parpadeo pero además perjudican nuestra capacidad de enfoque y aceleran la miopía, especialmente en niños pequeños, ya que reducen el tiempo que pasamos en el exterior expuestos a la luz natural.

En estos casos conviene regular la luminosidad de las pantallas para que no resulte demasiado brillante, no usar estos dispositivos en ambientes completamente oscuros, parpadear frecuentemente y hacer descansos visuales (retirar la vista de la pantalla y mirar a un punto lejano cada media hora, por ejemplo), además de colocar el dispositivo a una distancia adecuada.

La climatización de los locales y las calefacciones de las casas reducen la humedad ambiental y eso repercute negativamente en el confort visual. Un entorno más seco hace que las lágrimas se evaporen a mayor velocidad y que la superficie de los ojos se reseque de manera más pronunciada. Para paliar la sequedad ocular es conveniente usar humidificadores, colocar recipientes con agua cerca de los radiadores y ventilar convenientemente las estancias.

Asimismo, debemos aumentar la frecuencia del parpadeo, ya que con este gesto producimos lágrimas de manera natural y lubricamos la superficie del ojo evitando así la sensación de tener arenilla dentro, el picor, el escozor y la irritación que conlleva tener los ojos secos. Es conveniente que las personas que pasan muchas horas en entornos climatizados, sobre todo si es delante de un ordenador y con mayor motivo si son usuarios de lentes de contacto, hagan descansos visuales cada media hora para parpadear y que usen lágrimas artificiales para mitigar este efecto tan molesto.

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