El oftalmólogo en el diagnóstico precoz de la diabetes

tratamiento de la retinopatía diabéticaHace unos días, Vissum Mirasierra albergó un curso sobre retinopatía diabética encaminado a dar respuesta a los problemas y situaciones más habituales que los diferentes especialistas implicados en el tratamiento del paciente diabético se encuentran con frecuencia en sus consultas.

En esta jornada, médicos de familia, enfermeras, endocrinólogos y oftalmólogos tuvieron la oportunidad de ponerse al día, compartir conocimientos y plantearse cuestiones relativas a esta enfermedad metabólica, cuya escalada tiene muy preocupados a los profesionales sanitarios. Asimismo, quedó patente el papel que juega el oftalmólogo en el diagnóstico precoz de la diabetes.

La diabetes se ha convertido en una verdadera pandemia y amenaza seriamente con desequilibrar los sistemas sanitarios de todo el mundo si no se actúa de manera contundente, integral y de la manera más temprana posible. Se estima que para el año 2040 habrá 600 millones de diabéticos en todo el mundo, de manera que las actuaciones encaminadas a frenar este avance están más que justificadas.

“En nuestro país, la prevalencia de la diabetes es del 14%; es una cifra muy elevada que se ha multiplicado por tres en apenas 20 años. Por eso tiene todo el sentido del mundo que retinólogos, médicos de familia, enfermeros, endocrinólogos, neurólogos, nefrólogos, cardiólogos… y en definitiva cualquiera que tenga relación con los pacientes diabéticos trabajemos juntos”, apunta la doctora Marta Figueroa, retinóloga de Vissum, participante en esta jornada y premiada recientemente por su trabajo en diabetes y retinopatía diabética.

 

La retina en el diagnóstico de enfermedades

Afortunadamente, cada vez ocurre menos, pero todavía se tiende a pensar en las especialidades médicas como compartimentos estancos que apenas tienen que ver unos con otros. En este sentido, la Oftalmología no es una excepción, algo que constituye un error crucial en el manejo de la salud no solo visual, sino también general.

El ojo no es un órgano aislado y sus patologías no son entidades independientes de las del resto del organismo; muy al contrario, el ojo está vinculado con el resto de nuestro cuerpo de manera muy estrecha”, explica Figueroa. “Tanto es así que a veces hacemos diagnósticos de trastornos no visuales únicamente por los cambios que detectamos en la retina, como por ejemplo la metástasis en el cáncer de mama o cuando hace años veíamos pacientes con infecciones recurrentes en la retina causadas por citomegalovirus y llegábamos al diagnóstico de sida únicamente examinando el fondo de ojo”.

Y hay más. Las investigaciones más recientes hacen que podamos albergar esperanzas de detectar precozmente el Alzheimer usando el fondo de ojo como prueba diagnóstica. Al menos esto es lo que están estudiando científicos del Centro de Investigación Médica de la Rioja (CIBIR) en su laboratorio. Los responsables de esta trabajo han observado acúmulos de péptido beta amiloide (la proteína considerada principal marcador fisiopatológico de la enfermedad neurológica) en las retinas de las ratas mucho antes de que dichos acúmulos se presenten en el tejido cerebral y los roedores empiecen a sufrir las consecuencias del deterioro cognitivo asociado al Alzheimer.

En definitiva, “la retina es una parte crucial del ojo que nos permite ver cosas que hasta hace poco parecían ciencia ficción y además podemos apreciarlas mediante procedimientos no invasivos ni cruentos, ya que basta con aplicar unas gotas para dilatar la pupila y estudiar el fondo de ojo”, explica nuestra especialista.

En el tratamiento de la diabetes, este factor cobra especial importancia, dado que se trata de una enfermedad metabólica que acaba afectando a nivel visual, cardiovascular, neurológico, renal… “No se trata solo de la retinopatía diabética y del papel de los oftalmólogos, son muchísimas las especialidades que de una manera u otra y más tarde o más temprano acaban  implicadas en el tratamiento de un paciente diabético. Por eso, en muchos países las unidades multidisciplinares han demostrado su eficacia en diabetes, pero de hecho se pueden organizar en oncología, reumatología, etcétera”, anhela Figueroa.

Nuestra especialista apunta, además, que la superespecialización que se da hoy en Medicina hace todavía más necesario mejorar las rutas de comunicación y el intercambio de conocimiento por parte de los profesionales relacionados con una determinada enfermedad, dado que es imposible estar al día de todo por uno mismo.

“Estos encuentros resultan muy enriquecedores para aprender mucho de otros especialistas que tratan con aspectos concretos de una patología que tú ves de forma más ocasional. A la velocidad que se mueve la investigación hoy en día se impone la comunicación y la relación entre nosotros para que cada uno aporte lo que sabe porque eso repercute en un beneficio directo para el paciente”, reflexiona.

 

Revisiones oftalmológicas para pacientes diabéticos

Diabetes tipo 1

Aunque hay excepciones, la diabetes tipo 1 se diagnostica en pacientes jóvenes; es decir, antes de los 30 años y habitualmente antes de esa edad. Se trata de una enfermedad autoinmune en la que determinados anticuerpos destruyen los islotes de Langerhans, que son las células del páncreas encargadas de producir insulina, la hormona necesaria para metabolizar la glucosa. Estos pacientes requieren insulina inyectada para suplir la función del páncreas y controlar sus niveles de glucosa en sangre.

Los diabéticos tipo 1 deben revisar su vista cuando lleven más de cinco años de evolución de la enfermedad o al iniciar la pubertad si la diabetes se ha diagnosticado en la niñez.

Diabetes tipo 2

Representa el 90% de los casos de pacientes diabéticos. En este caso, la enfermedad se desencadena por un proceso de desgaste ligado fundamentalmente a un estilo de vida poco saludable (obesidad, sedentarismo, mala alimentación…) que va minando la los mecanismos de respuesta a la insulina. De esta forma, en las fases iniciales de la enfermedad, el paciente sí que produce insulina, pero ésta va perdiendo eficacia. A medida que la patología avanza, el páncreas deja de producirla y el paciente necesita antidiabéticos orales e insulina inyectada solas o combinadas.

Los diabéticos de tipo 2 deben someterse a una revisión oftalmológica nada más conocer el diagnóstico. Por regla general, la diabetes tipo 2 se gesta durante mucho tiempo antes del diagnóstico, de forma que cuando este se produce ya suele haber daños objetivos en la retina.

“Siempre decimos que lo malo de la diabetes es que no duele, pero mata. Habitualmente, el diabético tipo 2 es un paciente más complicado porque experimenta una subida progresiva de las cifras de glucosa en sangre, tiene el colesterol alto, va cogiendo peso, no presta atención a su alimentación… pero no le da importancia porque no se encuentra mal ni nota nada”,  apunta Marta Figueroa para explicar la necesidad de revisar la retina inmediatamente después de recibir el diagnóstico del especialista.

Según los resultados de esta primera revisión, los diabéticos tipo 2 deben volver al oftalmólogo:

  • A los dos años, si no hay lesiones visibles ni riesgos evidentes.
  • Al año, si se observan lesiones, incluso aunque sean incipientes.
  • Cada cuatro meses, si se aprecian daños en la región central de la retina, la mácula, susceptibles de necesitar tratamiento en el futuro aunque en ese momento no requiera intervención terapéutica.

Dra. Figueroa sobre retinopatía diabética. Herrera en COPE.

 

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El oftalmólogo en el diagnóstico precoz de la diabetes

La doctora Figueroa destaca que los oftalmólogos pueden contribuir decisivamente a este abordaje precoz de la diabetes porque “se trata de una patología que en sus inicios afecta a pequeños vasos que son visibles perfectamente dentro del ojo, de forma que haciendo una sencilla prueba de fondo de ojo o una angiografía OCT (una prueba más sofisticada para evaluar el estado de estructuras oculares complejas) podemos dar la voz de alarma cuando los daños vasculares aún son muy incipientes y cuando otros órganos como el riñón o el corazón, que también sufren directamente a causa de la diabetes, todavía no tienen daños evidentes”.

El hecho de que todos los especialistas trabajen en una misma dirección redundaría en beneficios innegables para el paciente, que no siempre es consciente de la necesidad de ponerse manos a la obra para frenar la evolución de la enfermedad.

En referencia a este punto, la doctora Figueroa apunta que “lamentablemente en otras patologías menos silentes, después del shock inicial que sufren al recibir el diagnóstico, los pacientes son conscientes de su enfermedad de forma inmediata, ya que se encuentra de golpe con dos opciones: tratarse o morir. En diabetes esto no ocurre así porque es una enfermedad mortal, pero no a corto plazo y además cursa sin dolor. Esto hace que el paciente no calibre el riesgo real al que se enfrenta, pero lo cierto es que no tomarse en serio el tratamiento acaba en un deterioro importante de la calidad de vida y en unas complicaciones muy severas que sí acaban costando la vida”.

Estas particularidades de la diabetes tipo 2 hace, si cabe, más necesaria la colaboración de todos los profesionales implicados en su manejo, ya que se trata de personas que necesitan mucho apoyo. Cabe recordar que el diagnóstico de esta patología en la edad adulta conlleva, en primera instancia, un cambio drástico en los hábitos de vida que llevan instaurados mucho tiempo y que son, precisamente, los que le han llevado a esa situación.

A partir del diagnóstico el paciente empieza a recibir malas noticias por parte del cardiólogo, del neurólogo, advertencias del nefrólogo, del endocrinólogo, del médico de familia, del oftalmólogo… lo que constituye el caldo de cultivo idóneo para que tire la toalla con facilidad, algo que podría mitigarse si los profesionales encargados de su cuidado actuasen de manera más coordinada y le transmitiesen un mensaje más homogéneo.

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