El exceso de sol puede dañar tus ojos de manera irreversible

Enfermedades oculares causadas por el sol

La exposición solar puede causar graves daños en nuestros ojos si no los protegemos adecuadamente, ya que éstos son extremadamente sensibles a la radiación ultravioleta. Sus delicadas estructuras sufren más que la propia piel a causa del sol y sus efectos negativos en la salud visual se producen tanto a corto como a largo plazo. Las enfermedades causadas por el sol tienen, en muchas ocasiones, efectos irreversibles.

Según estimaciones del informe Carga global de las enfermedades por radiación solar ultravioleta, elaborado por  la Organización Mundial de la Salud, “la mayor carga de morbilidad causada por la radiación ultravioleta se debe a las cataratas corticales, los melanomas cutáneos malignos y las quemaduras solares”. Asimismo, hasta un 20% de los casos de ceguera en todo el mundo se atribuyen a una exposición solar excesiva o inadecuada. No obstante, cuando se habla de los riesgos de exponerse al astro rey, pocas veces se nos vienen a la cabeza enfermedades y problemas de visión.

Según los especialistas, el hecho de que los ojos estén dentro de las cuencas cubiertos parcialmente por los párpados y protegidos por las cejas y las pestañas da una sensación de seguridad que repercute en una mayor relajación a la hora de defenderlos de los rayos ultravioleta.

Sin embargo, existen motivos más que suficientes para redoblar las medidas preventivas para evitar que el sol, tan necesario para la mayoría de funciones vitales, no se convierta en un enemigo de nuestros ojos.

Enfermedades oculares causadas por el sol

Cataratas

Las cataratas constituyen la principal causa de ceguera en todo el mundo, tanto que en algunos países desfavorecidos representa un verdadero problema de salud pública. De hecho, la cirugía de cataratas es una de las intervenciones quirúrgicas más frecuentes a nivel mundial y solo en nuestro país se llevan a cabo alrededor de medio millón de estas operaciones cada año.

Esta patología ocular, causada por la pérdida de transparencia del cristalino, está causada por la edad. No obstante, la exposición solar acelera el proceso por el que el cristalino se vuelve opaco aparezca de manera más temprana y evolucione más rápido.

Fotoqueratitis y conjuntivitis

La exposición excesiva y prolongada a la radiación ultravioleta causa un deterioro de la córnea, en la que pueden llegar a aparecer desde conjuntivitis leves hasta úlceras de diversa consideración.

Los síntomas de la fotoqueratitis son visión borrosa, picor, enrojecimiento, irritación, lagrimeo, sensación de tener arenilla dentro del ojo, secreciones (legañas), hinchazón de los párpados e incluso dolor de cabeza.

La fotoqueratitis, relativamente frecuente en la nieve pero cada vez más común en asiduos a la playa y al mar, se trata con colirios y geles cicatrizantes prescritos por un oftalmólogo. Es conveniente tapar el ojo, no frotarse para no agravar las úlceras y permanecer en entornos oscuros hasta que las molestias desaparezcan, algo que suceder en dos o tres días (algo más si las lesiones son más severas).

Por su parte, la conjuntivitis, una inflamación de la conjuntiva (una fina capa de recubre el interior de los párpados y parte del globo ocular) no suele revestir gravedad, aunque sí es una patología muy molesta. No obstante, algunos casos pueden complicarse y desembocar en infecciones muy graves que acarrean problemas irreversibles en la visión.

Pterigion

El pterigion es un crecimiento anómalo de tejido de la conjuntiva (membrana transparente que cubre la esclerótica; capa blanca del ojo) hasta la córnea (parte anterior del ojo, también transparente). El aspecto es el de una lengua de tejido rosado que tapa la zona blanca y parte del iris del ojo.

Causa enrojecimiento del ojo y molestias como picor, sensación de cuerpo extraño en el ojo, pinchazos o quemazón, además de pérdida de agudeza visual.

Su tratamiento es quirúrgico y consiste en eliminar el tejido engrosado que recubre la córnea.

Degeneración macular

El sol causa un envejecimiento prematuro de todos los tejidos, incluyendo las distintas estructuras que forman parte del ojo. La mácula, una pequeña parte de la retina encargada de la visión central y de que apreciemos los detalles puede deteriorarse por efecto de la radiación solar.

La degeneración macular normalmente está asociada al envejecimiento. El exceso de sol puede adelantar su aparición y acelerar su progresión. La degeneración macular de tipo seco no tiene tratamiento y en su variante húmeda pueden aplicarse inyecciones en la cavidad vítrea. Estas inyecciones son eficaces, pero es necesario aplicarlas regularmente para que el paciente pueda tener una calidad visual aceptable.

Cómo proteger tus ojos del sol

  • Gafas de sol. Cómpralas en un establecimiento autorizado y déjate aconsejar por un experto para escoger las más adecuadas según el uso principal que le vayas a dar a tus gafas. Olvida mercadillos y centros low cost para adquirir tus gafas de sol. Los especialistas repiten que llevar unas gafas no homologadas puede ser incluso peor que no llevar nada. Si eres usuario de gafas o lentes de contacto para corregir problemas de visión, pregunta a tu especialista por las que llevan filtro solar por si pudieran serte útiles cuando no puedas llevar tus gafas de sol.
  • Montura. Escoge una montura que cubra todo el ojo y cuida que las patillas sean suficientemente gruesas como para evitar que la radiación solar se cuele por los laterales.
  • Cristales. Ten en cuenta que existen diferentes filtros y colores de lentes en función de la actividad que vayas a realizar. Las más oscuras no son necesariamente las que más protegen.
    • Las verdes no alteran mucho los colores naturales y están especialmente indicadas para deportes náuticos y usuarios con hipermetropía.
    • Las lentes marrones son idóneas para los miopes, ya que aumentan el contraste de los objetos. Pueden usarse para cualquier actividad que requiera estar al aire libre.
    • Las de color gris son quizá las que resultan más fieles a los colores naturales y son idóneas para conducir.
    • Las lentes polarizadas se han puesto muy de moda en los últimos años para uso diverso y son realmente buenas a la hora de filtrar el exceso de luminosidad y eliminar los reflejos en superficies brillantes. Por ese motivo son las más recomendables para practicar deportes de nieve o en alta mar.
    • Escoge las gafas cuyos filtros además de proteger de la radiación ultravioleta A (UVA) también lo hagan de la ultravioleta B (UVB).

  • Gorros y viseras. En las jornadas de playa, montaña o alta mar es importante usar, además de las gafas de sol, sombreros con ala ancha que proyecten una zona de sombra sobre los ojos.
  • Horario. Si hablamos de cuidar la piel, las horas centrales del día son las más peligrosas, ya que en ese espacio de tiempo los rayos solares inciden de manera más perpendicular sobre nosotros. En el caso de la salud ocular, hay que estar más alerta al amanecer y al atardecer. En esos momentos el sol está más bajo y sus rayos inciden directamente sobre los ojos.
  • Calendario. Igual que ocurre con la piel, los daños oculares causados por el sol son acumulativos y pueden producirse no solo por una exposición directa al tomar el sol o en las cabinas de bronceado artificial. La arena de la playa, el agua del mar o la nieve reflejan los rayos solares y esta exposición indirecta también es muy dañina para nuestros ojos. De esta forma, aunque estos consejos acerca de cómo proteger nuestros ojos del sol son típicos de la época estival, ya que sus rayos inciden de manera más directa sobre la superficie terrestre, hay más horas de luz y pasamos mucho más tiempo al aire libre, no debemos olvidar que la radiación ultravioleta incide sobre nosotros durante todo el año y también lo hace en días nublados. Por eso, cuando finalices tus vacaciones, sigue recordando los consejos de este post.

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