¿Qué es la blefaritis? Evítala con estos consejos

blefaritis

La blefaritis es una inflamación del borde palpebral, que se produce de manera ocasional o permanente.

Normalmente se debe a una sobreproducción de grasa debido al mal funcionamiento de las glándulas productoras de la misma, denominadas glándulas de Meibomio, que se encuentran precisamente en el borde palpebral. Gracias a estas glándulas que producen una sustancia algo espesa, la superficie del ojo se mantiene lubricada, consiguiendo una constante humedad ocular y evitando la evaporación de la película lagrimal. Pero cuando estas glándulas dejan de funcionar correctamente, se obstruirán los orificios de salida del borde palpebral, evitando la evacuación de la grasa producida y como consecuencia, llegando a tener mayor sequedad lagrimal.

 

Tiene un origen desconocido, aunque comúnmente se produce más en población con edad avanzada, en pacientes con dermatitis seborreicas y rosácea cutánea o en pacientes con alteraciones hormonales.

La blefaritis no se trata de una enfermedad contagiosa. Parece ser que existe cierta predisposición genética aunque normalmente sucede de manera aislada. Hay pacientes que tienen solo episodios puntuales de blefaritis pero desgraciadamente en otros pacientes sucede de manera crónica.

No siempre la blefaritis es sintomática para el paciente. Hay ocasiones en las que es evidente para el oftalmólogo que la detecta en consulta pero no es molesta aún para el paciente. Dependiendo del grado de blefaritis será su sintomatología asociada, desde sensación de cuerpo extraño, escozor y ardor hasta aparición de orzuelos. Estos últimos se generan por la infección de las glándulas de Meibomio al obstruirse. Generalmente, una vez que aparece la blefaritis, suele asociarse también con problemas en la estabilidad lagrimal y como consecuencia, complicaciones en la integridad corneal relacionados con su transparencia y visión. El uso de lentes de contacto una cantidad de horas excesivas al día, la exposición ante ambientes secos como los aires acondicionados en verano o las calefacciones en invierno, el trabajo con ordenadores, son situaciones que pueden empeorar la sintomatología de la blefaritis.

La higiene palpebral es básica en el tratamiento de la blefaritis. Hay que mantener el borde palpebral limpio, sin restos de secreciones ni escamaciones. Un gran aliado será el calor, o bien de manera seca (con paños calentados con planchas por ejemplo) o húmeda (con agua caliente).  A continuación, masajearemos los párpados para facilitar la salida de la de la grasa hacia el exterior. Existen en el mercado una gran cantidad de limpiadores para el margen palpebral en forma de toallitas o geles aunque también de manera casera utilizando una solución jabonosa diluida o champú de PH neutro a la vez que realizamos la higiene diaria, limpiado bien el borde del párpado y la raíz de las pestañas.

En el tratamiento de la blefaritis necesitamos una clave importantísima: la constancia. Hay que realizar el tratamiento todos los días y así conseguiremos que en la mayoría de los casos desaparezcan los síntomas asociados.

Claro está, que habrá épocas estacionales en las que estaremos más estables o algo más descontrolados, pero con una buena limpieza diaria, conseguiremos mantener la blefaritis a raya.

La visita al oftalmólogo es fundamental para la detención de este problema, y en casos de cronicidad la revisiones periódicas son importantes para evitar complicaciones que afectan a la visión.

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