La uveítis de James Joyce

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La Dra. Marta S. Figueroa, Directora Médica de Vissum Madrid, explica en el artículo de La Gaceta, la importancia de prestar atención a los primeros síntomas de la uveítis:

“Los problemas de visión de James Joyce condicionaron su vida y su obra desde muy joven, lo que no le impidió plasmar en el papel algunas de las mejores joyas de la literatura mundial. Según sus biógrafos, padeció el síndrome de Reiter –caracterizado por la uveítis–, tras una infección que contrajo en su época de estudiante, cuando frecuentaba el Barrio Rojo de Dublín. Joyce presentaba los síntomas más característicos: dolor, fotofobia, enrojecimiento ocular y visión borrosa. La uveítis es la inflamación de la úvea, que es una capa vascular que se dispone dentro del ojo por debajo de la retina.

Puede ser anterior, intermedia o posterior, según la parte afectada y en función de su evolución también se clasifica en aguda, subaguda o crónica, explica Marta S. Figueroa, presidenta de la Sociedad Española de Retina y Vítreo, directora médico de Vissum Madrid, responsable del Departamento de Retina del hospital Ramón y Cajal, investigadora principal del Instituto de Investigación Sanitaria del Ramón y Cajal y profesora de la Universidad de Alcalá de Henares. Puede estar causada por trastornos autoinmunitarios –como la artritis reumatoidea o la espondilitis anquilosante–, infección o exposición a toxinas. Sin embargo, en muchos casos el origen se desconoce. Afecta a “sobre todo entre los 20 y los 60 años”, señala Figueroa. “No obstante, hay uveítis como la intermedia que son más frecuentes en niños o adultos jóvenes”.

La uveítis causa el 10% de los casos de ceguera en los países desarrollados. “En los cuadros con tendencia a la cronicidad pueden producirse complicaciones como cataratas, membranas epiretinianas, membranas coroideas, glaucoma o desprendimiento de retina, y estas complicaciones pueden asociarse a pérdida de la agudeza visual”, pero en la actualidad, la mayoría de los casos tienen cura. Las uveítis de causa infecciosa (sífilis, tuberculosis, toxoplasmosis, etc.) se tratan con los medicamentos específicos de cada infección y suelen ser curativos. Por el contrario, las autoinmunes (inflamatorias sin causa infecciosa), se tratan con antiinflamatorios e inmunosupresores, y su objetivo es mantener inactiva la enfermedad.

Lo más novedoso en investigación es la utilización de tratamientos biológicos (anticuerpos contra factores involucrados en la inflamación) y antiangiogénicos que inyectados en el globo ocular permiten el tratamiento de algunas complicaciones de la uveítis, como el edema macular o las membranas coroideas”.

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