Los ojos y el maquillaje

Se acercan las Navidades, una época llena de celebraciones sociales y  fiestas familiares. Es un buen momento para recordar a las mujeres que es  fundamental hacer un buen uso del maquillaje de ojos, y que no todos los  productos son idóneos para nuestra salud ocular.

Primero vamos a hacer un poco de Historia en torno a la cosmética:

Desde la Prehistoria, la mujer ha querido embellecerse con pinturas y  abalorios para ser más atractiva para su pareja y -por qué no- para  sentirse mejor consigo misma.

En Egipto, desde la época de Nagada I, los egipcios se preocupaban por sus ojos. El animal sagrado de la diosa Halthor era la vaca, y los ojos más bellos, y a la vez rasgados, eran los de ese animal.

Las fuentes de información sobre el maquillaje se han encontrado en los ajuares funerarios, así como en ofrendas funerarias del Imperio Antiguo, donde se hace referencia al ‘polvo verde’ (uadyu),con el que se perfilaban los ojos con una línea ancha dibujada sobre el párpado inferior.

El uadyu estuvo de moda hasta la IV Dinastía, época en el que fue sustituido por el mesdemet, que adquiere color negro debido a  la galena y se alarga la línea hacia la sien y la nariz. Aparte del color negro y verde, también existieron otros colores que se creaban con una base de galena y polvo blanco de la cesurita natural, generando la gama de los grises. Del lapislázuli machacado surgía el azul. El color rosa sólo se ha encontrado en la tumba de Nefertari.

Y es que en Egipto los ojos eran una de las principales vías de transmisión de infecciones, y al fundamentarse Egipto en la dualidad, el maquillaje no sólo servía para embellecer los ojos, sino que tenía propiedades funguicidas, antideslumbrantes y repelentes de insectos, y hacía que el polvo del desierto no penetraran en su interior, siendo capturado por el propio maquillaje… Era necesario que “el ojo hablara” y que a la vez estuviera lo más protegido posible.

Posibles infecciones y alergias

Pero no siempre se consigue esa protección, ya que el propio maquillaje es el vehículo ideal y caldo de cultivo de numerosos gérmenes, sobre todo los de presentación líquida y en crema.

Este factor se incrementa si tenemos en cuenta la práctica frecuente entre adolescentes de prestarse las pinturas y maquillajes, arrastrando en los aplicadores de máscaras, esponjillas o lápices los gérmenes que existen en el fondo del saco palpebral o en las pestañas. A la vez, dichos aplicadores se vuelven a insertar en sus recipientes, contaminando todo el contenido.

Otro factor que puede provocarnos algún tipo de infección son los probadores disponibles en tiendas y esteticistas. Debemos asegurarnos de que el probador que nos ofrecen esté totalmente limpio y no haya sido usado anteriormente.

También hay que tener en cuenta que el mercado de la cosmética es uno de los más innovadores y emplea infinidad de sustancias del reino animal y vegetal (aceites, algas, sales, frutas, etc.), lo que puede originar numerosas alergias. Por ello, si padecemos alguna alergia o somos propensos a sufrir algún tipo de irritación, se recomienda probar las sustancias nuevas una vez y esperar unos día; si no hay reacción, se puede volver a utilizar.

Si percibimos eritema, edema conjuntival o palpebral, es conveniente averiguar los ingredientes del producto causante de la alergia para comunicarlo a su médico o para evitar volver a utilizar otros cosméticos con ingredientes parecidos. No es menos importante hacer constar que son productos que no suelen llevar fecha de caducidad, por lo que es recomendable no utilizarlos más de tres meses después de adquirirlos, o inmediatamente si desarrolla alguna infección ocular o alergia.

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