La mácula, esa pequeña zona vital de nuestra retina

mácula zona vital retinaA pesar de su pequeño tamaño, la mácula es una de las partes más importantes del ojo. Literalmente, la palabra mácula significa mancha y, efectivamente, la mácula ocular no es sino una mancha de color amarillo cuya tonalidad se debe a la alta concentración de dos pigmentos de este color, la luteína y la zeaxantina, cuya misión es proteger al ojo de traumatismos lumínicos. De ahí que también se denomine mácula lútea.

Esta diminuta zona (su diámetro no supera los cinco milímetros y tiene un grosor inferior al resto de capas del globo ocular) está situada en el interior de la retina y es la principal responsable de la visión central y de la agudeza visual. Si bien el resto de la retina se encarga de la visión periférica, relacionada con la percepción visual de objetos grandes a modo de bulto, la mácula resulta fundamental para apreciar el movimiento y los detalles más precisos. Por este motivo, es imprescindible para poder leer con normalidad, ver la hora en un reloj de pulsera, reconocer los rostros de las personas que nos rodean, distinguir colores y sus diferentes matices, diferenciar con nitidez objetos pequeños…

La mácula tiene a su vez una estructura particular y compleja. Dividida en cuatro zonas (fóvea, foveola, zona parafoveal y zona perifoveal), la mácula presenta un único tipo de células receptoras de luz: los conos, que dependiendo del tipo pueden ser sensibles a la luz roja, azul o verde.

Principales enfermedades que afectan a la mácula

Hay varias patologías que pueden dañar la mácula, pero es la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) la más conocida y también la más prevalente. Esta enfermedad es de carácter degenerativo, suele manifestarse a partir de los 65 años y constituye la principal causa de pérdida de visión en personas pertenecientes a este tramo de edad. La degeneración macular se caracteriza, básicamente, por un deterioro progresivo de la mácula que se traduce en una pérdida de agudeza visual aunque la visión periférica permanezca intacta. El paciente suele referir la presencia de manchas o distorsiones en la visión central que le impiden reconocer caras, leer o desenvolverse en su entorno cotidiano. Es frecuente que las personas con degeneración macular sufran caídas o accidentes domésticos al no apreciar la presencia de objetos, desniveles en el suelo o escalones.

A su vez, la degeneración macular puede ser de dos tipos: húmeda y seca. La degeneración macular húmeda es menos frecuente y se produce cuando debajo de la mácula proliferan vasos sanguíneos que sangran y emborronan la visión. En estos casos, la patología suele evolucionar de manera rápida. Los tratamientos para la degeneración macular húmeda pueden consistir en la inyección de fármacos que inhiben el crecimiento de los vasos sanguíneos anómalos o en cirugía láser que los reduce a la vez que sella la fuga de líquido.

Por su parte, la degeneración macular seca es la más frecuente y evoluciona de manera progresiva a medida que la mácula va deteriorándose. Es importante acudir al oftalmólogo en cuanto se noten síntomas como presencia de manchas oscuras o visión borrosa en el centro del campo visual, dificultad o incapacidad para ver algunos fragmentos de textos que se intentan leer, sensación de tener una nube delante de los ojos, problemas para distinguir los colores… El motivo de tanta premura es que la degeneración macular no tiene tratamiento realmente efectivo, salvo la administración de complejos vitamínicos que no han corroborado su efectividad y que, en todo caso, contribuyen a ralentizar la patología, pero no la curan y tampoco hacen que se recupere la visión perdida.

Otras alteraciones específicas de la mácula son los agujeros maculares (desgarro de la fóvea) o el edema macular (inflamación de la mácula por fugas en los vasos sanguíneos que la irrigan). Afortunadamente, estos problemas son relativamente fáciles de tratar con medicamentos en forma de colirios, inyecciones como las que explica la doctora María Teresa Álvarez García en el vídeo a continuación… o con técnicas quirúrgicas.

Cómo cuidar nuestra mácula

Aunque hay un cierto nivel de deterioro visual inevitable con la edad, lo cierto es que cumplir años con buena salud no es una meta imposible, siempre y cuando cuidemos nuestro estilo de vida. Los unos hábitos saludables son esenciales a la hora de prevenir alteraciones y enfermedades de la mácula. Cualquier conducta perjudicial para la salud vascular en general lo será también para esta zona del ojo, dada su delicada red de vasos sanguíneos.

Por eso, es conveniente no fumar, evitar el sobrepeso y la obesidad, tener la tensión arterial controlada, vigilar el colesterol y la glucemia, prevenir enfermedades cardiovasculares o metabólicas como la diabetes y, si ya están diagnosticadas, tratar de mantenerlas controladas, dado que muchas de ellas tienen una repercusión indirecta sobre la visión. Asimismo, es recomendable seguir una dieta rica en vitaminas, zinc, antioxidantes y carotenoides presentes en frutas y, sobre todo, en verduras de color naranja, rojo y verde oscuro como el brócoli o las espinacas; así como otras hortalizas ricas en luteína y zeaxantina. En una dieta beneficiosa para la mácula en particular y la retina en general tampoco tampoco pueden faltar ácidos grasos esenciales procedentes de semillas, frutos secos y pescado azul.  Finalmente, unas buenas gafas de sol también ayudarán a proteger la mácula de los rayos ultravioleta.

En cualquier caso, es recomendable visitar al oftalmólogo regularmente para revisar la salud de la mácula, ya que su deterioro no duele. Además, si el daño progresa lentamente no es extraño que el paciente apenas lo advierta en sus fases iniciales.

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