trasplante de córneaEl trasplante de córnea es el más habitual en nuestro país, según la Organización Nacional de Trasplantes. De esta forma, aunque el riñón es el órgano más trasplantado, lo cierto es que la córnea lidera el ranking cuando se habla de tejidos. Según las cifras que presentó la ONT referidas a 2017, España sigue afianzando su liderazgo mundial en esta área. El año pasado se llevaron a cabo más de 5.000 trasplantes corneales, frente a algo más de 3.200 renales. Estos números dan idea de la importancia de conocer un poco mejor cuestiones básicas sobre trasplante de córnea. Te las contamos.

¿Hay un solo trasplante de córnea?

No. En realidad, hay varios tipos de intervenciones que podemos englobar en la etiqueta de trasplante de córnea según la envergadura del tejido trasplantado. De esta forma, existe el trasplante corneal completo y los injertos parciales; dentro de éstos nos encontramos trasplantes lamelares anteriores y trasplantes lamelares posteriores.

Trasplante de córnea completo

Como su propio nombre indica, el trasplante total de córnea se lleva a cabo cuando todas las estructuras de la córnea están dañadas. Esta circunstancia puede darse de manera traumática, pero lo más habitual es que el deterioro de la córnea se deba a una patología que se encuentra en fases avanzadas de evolución. El trasplante de córnea completo no es el más frecuente porque, afortunadamente, existen varias opciones de tratamiento previas a este paso.

Trasplante de córnea lamelar anterior

En este caso solo se trasplanta la parte de la córnea correspondiente al estroma y al epitelio. El estroma corneal es una especie de esqueleto compuesto de fibras de colágeno y proteoglicanos dispuestas para asegurar la transparencia y la resistencia de la córnea. El estroma ocupa aproximadamente el 90% de todo el grosor de la córnea. Por su parte, el epitelio es una capa más externa  que protege la córnea. Se recurre a este trasplante cuando el esqueleto corneal está dañado por infecciones severas o enfermedades como el queratocono, responsable de la mayoría de los trasplantes de córnea en pacientes jóvenes. El queratocono es una deformación grave de la córnea, que adquiere progresivamente una curvatura excesiva que conduce a la pérdida de visión.

Trasplante lamelar posterior

En esta ocasión el trasplante se refiere al endotelio corneal, una capa celular de apenas 20 micras de espesor que tapiza el interior de la córnea. Las células que conforman esta capa tienen forma de panal de abejas y actúa como una especie de bomba de drenaje para mantener la córnea libre de agua y evitar así que se desarrolle un edema. Esta capa endotelial se deteriora cuando el paciente sufre, por ejemplo, distrofia de Fuchs, una patología hereditaria que causa la destrucción progresiva de estas células y el deterioro severo de la visión.

¿No sería más sencillo trasplantar la córnea en su totalidad?

En realidad no, o quizá sí, pero no es lo más adecuado para el paciente. “Trasplantar la córnea entera si no está dañada por completo es como cambiar de bicicleta solo porque se te ha pinchado una rueda”, explica el Dr. Francisco Arnalich, experto en córnea y superficie ocular de Vissum Madrid. De esta forma, aunque las estructuras del ojo son muy pequeñas y tremendamente complejas, lo cierto es que lo más conveniente es trasplantar únicamente las zonas dañadas y conservar el resto.

Las ventajas de hacer estos trasplantes parciales son, fundamentalmente, menos riesgo de rechazo y recuperaciones más rápidas. En el trasplante corneal lamelar anterior lleva un poco más de tiempo, pero en el endotelial al mes o mes y medio el paciente tiene ya una visión muy buena. Asimismo, los trasplantes corneales parciales cuentan con la ventaja de poderse hacer a pacientes más mayores o en aquellos que tengan alguna otra patología asociada, ya que se trata de una cirugía mínimamente invasiva que no compromete el resto de la salud. Por otro lado, el posoperatorio es todo más sencillo porque no se dan puntos, lo que además confiere un extra de seguridad para el paciente.

¿Hay forma de regenerar la córnea?

Actualmente no. Hay algunas publicaciones en las que se afirma que retirando únicamente la zona lesionada se regenera todo lo demás gracias a la capacidad natural de reparación del organismo. No es cierto, o al menos no del todo. En algunos trabajos se han dado algunos casos, por el momento muy pocos, en los que se ha observado cierta capacidad de regeneración natural de los tejidos corneales, pero el número de células es tan bajo, que el procedimiento resulta ineficaz. Asimismo tampoco se conoce cuánto tiempo va a durar ese efecto y, en consecuencia, qué efectos va a tener en la visión del paciente, dado que estas pocas células están sobreestimuladas y hay dudas razonables acerca de su capacidad para sobrevivir en esas condiciones. De hecho, seguramente estos pacientes acabarán necesitando un trasplante igualmente, de forma que esta primera intervención es solo un parche.

células madre córneaHace ya diez años, Arnalich formó parte de un equipo de investigación en el que también se encontraban otros especialistas de Vissum, incluyendo al Dr. Alió, en el que se empleaban células madre procedentes del tejido adiposo para tratar de regenerar el estroma corneal de conejos de laboratorio. Lamentablemente, y aunque se trata de una línea muy prometedora de investigación en la que Vissum está muy implicada, todavía no puede hablarse de ello como una realidad a corto plazo.

“Las células madre están indiferenciadas y por lo tanto tienen una capacidad potencial de adquirir cualquier funcionalidad. El problema que nos encontramos es cultivarlas para que se repliquen en número suficiente y desarrollen una función muy concreta; y eso es muy complicado”, afirma Arnalich. “El proceso natural que siguen estas células madre desde el estado embrionario hasta que maduran está compuesto de muchos pasos y en ellos intervienen muchos factores que aún no conocemos. En  muchas investigaciones de hecho lo que se hace es inyectarlas esperando que ellas mismas se vayan reprogramando según el entorno en el que han sido alojadas… pero eso a veces no ocurre o no pasa en los términos esperables”, explica nuestro especialista.

“El problema de la córnea es que su esqueleto, el estroma, es un tejido con una forma muy determinada. Las células además de diferenciarse hacia su función concreta y multiplicarse adecuadamente, deben hacerlo de manera ordenada para formar este andamiaje que ha de ser transparente y con suficiente solidez. Esto ahora mismo no puede hacerse y creo que no va a ser posible en el corto plazo. Sí se ha visto que inyectando células madre en el estroma, estas células crecen y producen colágeno alrededor pero, para empezar, el grosor de esa capa difícilmente logra alcanzar las 40 micras de grosor, cuando lo que necesitamos son 500 o incluso un poco más. Además, y esto es fundamental, la capa no es tan transparente como el tejido original y por lo tanto no es funcional”, apostilla Arnalich.

Por otro lado, el endotelio corneal, que sí es más sencillo de regenerar presenta otras dificultades añadidas. “En esta zona no hay células madre y por eso hay que recurrir a células madre de diferente origen y dar las señales para que acaben formando tejido endotelial y ahí reside la complicación que no está ni mucho menos resuelta. Solo se ha logrado este efecto en el epitelio de la córnea, donde sí hay células madre. No obstante, en cuanto sacas las células de su entorno tienen una vida muy breve y no se replican… de manera que el implante no cumple su objetivo. El epitelio se pierde porque se acaba descamando y estamos otra vez como al principio”, resume el experto, quien además recuerda que hay muchas líneas de investigación al respecto en animales que llevan más de una década en marcha pero por ahora sin resultados verdaderamente significativos.

Por este motivo, el doctor Arnalich recuerda que “debemos ser muy honestos en este sentido y decir a los pacientes que esto no va a ser una realidad inmediata y que ahora mismo no hay nada de esto que supere lo que logramos con el trasplante de córnea”.

“Las terapias celulares en las que estamos trabajando están dando resultados muy alentadores, pero hay que dejar claro que están aún en fases muy iniciales y por tanto aún quedan muchos interrogantes por resolver. En dar respuesta a estos interrogantes es en lo que ponemos nuestro mayor esfuerzo cada día”, manifestaba hace poco el Dr. Jorge Alió, fundador de Vissum, en este mismo blog con motivo de su reconocimiento por parte de la Academia Americana de Oftalmología.

¿Y qué resultados se logran con el trasplante de córnea?

Trasplante córnea total

El resultado visual es bueno, pero normalmente se necesitan lentillas o gafas porque es bastante frecuente que se presente un astigmatismo que no se puede predecir. El posoperatorio dura un año. En ese periodo el paciente debe permanecer con los puntos de sutura puestos para asegurar bien el injerto. Transcurrido ese año se quitan los puntos y se intenta moderar el astigmatismo. Durante el mes o mes y medio posterior a la cirugía hay que tener cuidado con no cargar peso, no frotarse los ojos… pero a partir de ese momento se puede hacer vida normal teniendo cuidado con golpes y mucha higiene en el ojo. Se lleva a cabo un control periódico cada dos o tres meses hasta el alta definitiva.

Trasplante lamelar anterior

La recuperación es prácticamente idéntica a la del trasplante de córnea completo; aunque los puntos se quitan en unos 10 meses. También se suelen necesitar gafas o lentillas por el astigmatismo residual. Esta modalidad, no obstante, es más resistente a los golpes y traumatismos al no estar perforado. Como tampoco se trasplanta la capa endotelial, hay menos riesgo de rechazo (la capa endotelial es la que más posibilidades tiene de causar rechazo). Por otro lado, es un injerto que tiene muchas posibilidades de durar de por vida.

Trasplante lamelar posterior

Es el más espectacular en cuestión de resultado visual. Es muy resistente a golpes y accidentes por estar situado muy dentro del ojo. Los pacientes refieren una recuperación de la vista a como la tenían antes de los 40 años. Por otra parte, también el riesgo de rechazo es menor… aunque no hay garantías de que dure para siempre. La recuperación es muy rápida con respecto a los trasplantes corneales anteriores y en una semana el paciente está haciendo vida normal, aunque también tiene que acudir a revisiones periódicas según el consejo del especialista.

Riesgo de rechazo

El riesgo de rechazo de un injerto corneal es muy pequeño en comparación con el de otros tejidos y órganos del cuerpo. No obstante, esa posibilidad existe. En concreto el trasplante corneal completo tiene un riesgo de entre un 5% y un 10% dependiendo de la patología que haya desencadenado la necesidad de dicho trasplante. Este riesgo se sitúa entre el 1% y el 5% para los trasplantes lamelares anteriores y baja al 1%-2% en el de los injertos endoteliales.

No obstante, este rechazo no implica perder el ojo ni mucho menos. Estos rechazos son fácilmente reversibles con corticoides en gotas. “Es importante detectarlo a tiempo para aplicarlas cuanto antes, pero no presentan más problema que ese”, tranquiliza Arnalich.

Vissum es el centro privado con más experiencia acumulada en trasplantes de córnea de la Comunidad de Madrid y el que más injertos de este tipo lleva a cabo anualmente. Es un hospital habilitado por la Organización Nacional de Trasplantes y pionero en la introducción de nuevas técnicas quirúrgicas, así como en la realización de trasplantes corneales parciales.

También te interesa