Vissum, una mirada solidaria revisa la vista a 450 personas en el sur de Marruecos

Dentro de la iniciativa solidaria de Vissum Corporación Oftalmológica, un grupo de optometristas se desplazó a Marruecos a principios de mes para llevar la optometría a aquellas zonas más desfavorecidas. El foco de esta acción tuvo lugar en M’semir, una apacible y tranquila comunidad bereber en el valle del río Dades, a 2.000 metros de altitud.

Esta primera expedición quiere servir como toma de contacto y análisis de los problemas refractivos que allí se pueden encontrar para que, en un futuro que esperamos sea cercano, se realice otro viaje y se puedan proporcionar tratamientos médicos y quirúrgicos por parte de oftalmólogos. Nuestro compromiso con Marruecos es elevado, se trata de un país con el que tenemos una gran relación debido a que en nuestro centro de Alicante recibimos a gran número de pacientes de esa zona. Con esta iniciativa tratamos de devolver a cada comunidad lo que recibimos de ella.

La expedición estaba compuesta por un equipo de Vissum compuesto por Gema Esquivel (optometrista) y Houda Douhri (directora del departamento internacional), además de colaboradores de nuestros partners de referencia en el sector como Laura Pérez (optometrista y Dir. de Marketing) de Bausch&Lomb y Mónica Nieto (optometrista y Clinical Application Specialist) de Alcon, además de Hassan Ait y Menleui Nahli que se les unieron en Marruecos. Cuatro profesionales dispuestas a ayudar en todo cuanto fuera posible a una comunidad con una lista de necesidades que, desde nuestras comodidades, no podemos alcanzar a imaginar. Las primeras seis horas de viaje les llevaron a Ouazazate, donde, tras ser recibidos por el Dr. Sami del Hospital Boukafer y Soufian Berradi, hicieron noche y aún les esperarían otras cuatro horas de coche recorriendo carreteras de sibilinas curvas sin asfaltar, navegando a través de montañas con forma de tortuga que parecían moverse con el desplazamiento de las sombras proyectadas por el sol y maravillosas vistas, llegan a una comunidad edificada en el terroso color del adobe, que les recibe con los brazos abiertos. Como agua de mayo esperaban a nuestra expedición, en una comunidad acostumbrada a vivir simplemente de lo que les rodeaba, la visita de nuestro equipo supone un agradable y sorprendente cambio en la rutina digno de ser celebrado.

Agasajada por sus habitantes, M’semir recibe a las profesionales del proyecto con los brazos abiertos. Ofrendas de cobijo, alimento y amistad son el primer contacto con tan acogedora comunidad. El primer paso en la expedición, como no podía ser de otra manera, es el establecimiento de la consulta para las revisiones que se estarían haciendo durante los cinco días de estancia. Una llegada que era esperada con gran expectación y, en algunos casos, ya llevaban tiempo haciendo cola para ser los primeros en ser atendidos. Junto a ellos, Hassan y Husain esperan pacientemente, ambos traductores que se encargarían de hacer de enlace entre los dos mundos, sirviendo como puente entre las dos lenguas y culturas, la de los visitantes y la de los bereber.

Al principio, suponían que la barrera idiomática haría más complicada la labor; sin embargo, se estableció una complicidad desde el primer minuto a través de la cual, con tan sólo una mirada, un gesto o tono de voz, nos comunicaban agradecimiento, preocupación, alegría… Paciencia por ambos  lados, tanto por los revisados como por los optometristas, que repetían una y otra vez las directrices, traducían, los pacientes respondían, volvían a traducir y así con una lista de locales que alcanzó la cifra que, como anunciaba el titular, alcanzó los 450 pacientes.

Entre los diferentes errores refractivos, se detectaron miopía, hipermetropía y astigmatismo. También niños con una visión perfecta, pero que al no haber sido revisados nunca por un especialista, desconocían por completo el estado de su vista, otros con severos problemas que en una primera expedición no podían ser resueltos. En definitiva, casos de todo tipo, desde los que venían con un problema ocular difícil de remediar, hasta los que con un poco de cuidado diario o una simple gafa mejorarían drásticamente su calidad de vida. Gafas mal graduadas, niños sin corrección y gafas con las varillas recorridas por el celofán, tratando de reparar lo que mil caídas habían hecho añicos.

El desarrollo del proyecto ha provocado un cansancio y agotamiento que, sólo con jornadas intensivas de sol a sol y pocas horas de sueño, pueden alcanzar a entenderse. Sin embargo, la satisfacción de ayudar a esta comunidad ha sido más que suficiente, saber que se está cubriendo una necesidad que por desconocimiento ni si quiera se echaba de menos y ayudando a una comunidad que sólo tiene agradecimiento para sus visitantes, es algo que llena el corazón de alegría, satisfacción y que, al abandonar M’semir, empapa los ojos de lágrimas y una sensación que oprime el corazón. A la cual sólo puede recitar un “volveré para ayudar en cuanto pueda”.

De allí se trajeron una hospitalidad abrumadora, para la que sólo tienen gratitud. El alcalde de la comunidad les recibió en su casa para cenar con todos los lujos que podía permitirse y les hizo sentir incluso mejor que en casa. 

Una especial mención tiene que ir dirigida a Hamid, un joven inquieto que alivió el cansancio de las noches enseñando las estrellas que podían verse en uno de los cielos más despejados de los que se pueden disfrutar, acogiendo en su residencia para turistas a todo el equipo. Un alma inquieta por aprender, recorrer mundo y descubrir nuevos horizontes que abandonó todo sueño para quedarse allí, en pleno compromiso con su pueblo y la comunidad bereber que allí reside. Humildes los medios de los que dispone, pero una hospitalidad y actitud de servicio que superan todo lo conocido, una razón más por la que, la visita a M’semir, se ha convertido en una experiencia humanitaria para su pueblo y en un aprendizaje y compromiso social y humanitario para los que se trasladaron a esta recóndita parte de Marruecos.

Con esto intentamos resumir todas las experiencias vividas durante los días que duró el proyecto. Sin embargo, no hay palabras suficientes para retratar cada mirada, sentimiento o sonrisa. Queremos agradecer enormemente a la asociación Al Amal por toda la ayuda prestada y, porque sin ellos y su director Rachid Ousni, nada de esto habría sido posible. Gracias a todos y cada uno de los que se han implicado en la expedición, con su atención, ayudando o colaborando de forma alguna. El éxito del proyecto se lo debemos a todos ellos, a la policía que guardó la puerta del ambulatorio mientras atendíamos a los pacientes, al director del ambulatorio, su segundo al cargo… a todos, de todo corazón, ¡GRACIAS!

Nuevo centro

MIRASIERRA

mirasierra

Pida cita ahora